Buenaventura: ‘Somos Pacífico’

Las comunidades negras de Buenaventura, a orillas del Pacífico, luchan por no perder su identidad. Foto: Javier Sulé

Las comunidades negras de Buenaventura, a orillas del Pacífico, luchan por no perder su identidad. Foto: Javier Sulé

Me encontraba en Buenaventura, uno de esos lugares en Colombia de los que habitualmente no se suele hablar muy bien en los medios de comunicación. Aquí, en medio de un complejo contexto de violencia, conflicto armado, narcotráfico e intereses económicos vive una población mayoritariamente afrodescendiente. Son comunidades negras que desde la historia, la cultura y el territorio quieren seguir, a pesar de todo, construyendo sus propias formas de vida y continúan luchando por no perder su identidad.

La violencia en Buenaventura ha alcanzado unos niveles y unas formas difícilmente imaginables. El narcotráfico y el conflicto armado han hecho de esta ciudad uno de sus lugares estratégicos. Sus habitantes viven mayoritariamente en unas condiciones de exclusión social inaceptables, pero paradógicamente aquí se encuentra también el mayor puerto del país por donde pasa el 60 por ciento de las mercancías que entran y salen de la nación. Padecer esta megaestructura portuaria que sigue creciendo sin parar sea quizá la consecuencia de todos sus males.

Buenaventura está a apenas 115 kilómetros de Cali, en la zona sur occidental del departamento colombiano del Valle del Cauca, a orillas del Océano Pacífico y flanqueado al otro lado por las estribaciones de la cordillera de los Andes. Forma parte de una de las zonas más biodiversas del planeta con un clima predominantemente cálido y altos niveles de humedad.

Los 158 barrios distribuidos en 12 comunas que forman la ciudad se encuentran repartidos en una parte insular conocida como la Isla de Cascajal y en otra continental, unidas ambas por el llamado puente de El Piñal. No puede decirse que sea una urbe especialmente bonita pero son muchas las ocasiones que viendo el ambiente de sus calles uno puede llegar a sentirse como en algún lugar de África o en cualquier calle de La Habana.

Y es que la gran mayoría de sus 400.000 habitantes son descendientes de los esclavos africanos de las antiguas colonias españolas. Llegaron a esta parte de Colombia, llamada en su tiempo provincia del Raposo, para trabajar a destajo en las minas de oro de la región. Las personas esclavizadas terminaron por rebelarse, consiguieron liberarse y con el tiempo supieron adaptarse a un entorno geográfico difícil donde fueron apropiándose del territorio, moldeando su sociedad y conformando una identidad en base a prácticas culturales, relaciones sociales y modos de producción propios. La agricultura, la pesca y la minería artesanal empezaron a ser sus formas de vida.

El 90 por ciento de la población en Buenaventura es afrodescendiente. Foto: Javier Sulé

El 90 por ciento de la población en Buenaventura es afrodescendiente. Foto: Javier Sulé

Como grupo étnico, las comunidades negras de Buenaventura han desarrollado y practicado su propia cultura, Me lo cuenta una de las líderes de la organización Proceso de Comunidades Negras (PCN) Tenemos una cosmovisión propia, una forma distinta de ver la vida y de relacionarnos con ella donde el territorio tiene una importancia muy profunda. El Estado sólo ve estos territorios como potenciales fuentes económicas. Dicen que hay mucha riqueza y no la explotamos. Sí lo hacemos pero con una lógica de aprovechamiento distinta, más racional y no de exterminio. Por ejemplo, nosotros explotamos el oro a través de unas prácticas ancestrales que aprendimos y siempre considerando que el territorio también es un sujeto de derechos y un bien agotable. Estas prácticas son las que nos han permitido estar aquí tanto tiempo. Que hoy el Pacifico sea uno de los cinco pulmones del mundo no es casualidad. Es porque nuestra cultura ha permitido que lo sea, porque desde la lógica del capital hace rato que ya hubiera dejado de existir.”

La situación de las comunidades negras de la región es hoy muy preocupante. El conflicto armado y el narcotráfico unidos a la suma de intereses económicos y estratégicos que se ciernen sobre la cuenca del Pacífico colombiano podría conducir, según denuncian las propias comunidades, a un calculado etnocidio. “Nuestra forma de vida es colectiva. Cuando viene toda la lógica económica del puerto se empiezan a vulnerar nuestros derechos y la tierra donde hemos construido nos la quieren quitar porque ellos la necesitan. Se inventan pretextos de que son territorios de alto riesgo y en los que, por lo tanto, no se puede vivir. Así, de esta forma, no titulan las viviendas y no proporcionan los servicios públicos. Cualquier megaproyecto que ponga en juego la integridad cultural de la comunidades negras, sea en zona rural o urbana, debe ser objeto de consulta previa, pero ésta pocas veces se realiza”, me explican desde el PCN.

Instalaciones portuarias en Buenaventura. Foto: Javier Sulé

Instalaciones portuarias en Buenaventura. Foto: Javier Sulé

La ciudad vive además inmersa en un conflicto armado que ha dejado más de 2000 muertes violentas en los últimos cinco años, además de cientos de desaparecidos y miles de desplazados. “Y que pasa cuando las personas se desplazan y es lo que el Estado no entiende. No solo se desplaza la familia, se desplaza su cultura, se desplazan sus practicas y valores culturales. A Bogotá no puedo llevarme la canoa. Todas estas cifras y esta situación nos lleva a hablar de etnocidio, de un exterminio físico y cultural que tenemos como probarlo. Lo que ellos quieren erradicar es esa cultura que saben que es nuestra principal fuente de resistencia”, dice una integrante del PCN

A Buenaventura las comunidades negras llegaron de las zonas rurales de la región. Fue a finales de los 60 cuando el puerto de la ciudad cobró importancia en las nuevas dinámicas económicas del momento y atrajo a miles de personas afrodescendientes del campo atraídos por la posibilidad de trabajar en los muelles cargando y descargando mercancías.

Las comunidades afrocolombianas llegadas a la ciudad ocuparon y transformaron el territorio urbano de Buenaventura de una forma muy particular, acorde a las formas de vida, valores y prácticas tradicionales que habían desarrollado en sus lugares de origen, allá en las cuencas de los ríos de donde venían. Las familias buscaron asentarse en lugares donde llegaban las mareas, a orillas de los esteros, con la finalidad de poder recrear social y culturalmente su hábitat originario y seguir así desarrollando actividades asociadas a la pesca tradicional.

Viviendas palafíticas tradicionales del Pacífico en Buenaventura. Foto: Javier Sulé

Viviendas palafíticas tradicionales del Pacífico en Buenaventura. Foto: Javier Sulé

Al ser zonas de baja marea, las comunidades fueron ganando terreno a las partes inundables rellenándolas con la basura, escombros y barro que recogían de toda la ciudad, Y con la madera que extraían de los manglares construyeron sus tradicionales viviendas palafíticas, comunicadas entre sí por medio de una red de puentes.

3 pensamientos en “Buenaventura: ‘Somos Pacífico’

  1. Pingback: Buenaventura: “Dónde están mis derechos” | Colombia, guerra y paz

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