25 años sin Carlos Pizarro

María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro. Foto: Javier Sulé

María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro. Foto: Javier Sulé

Hoy 26 de abril se cumple un cuarto de siglo del asesinato del que fue máximo comandante del Movimiento M19. Su hija María José Pizarro rememora y evoca la figura de este líder guerrillero colombiano que murió asesinado 45 días después de hacer dejación de armas y firmar la paz. Carlos Pizarro era ya candidato presidencial. Aquel día tomó un vuelo a Barranquilla. Ya dentro del avión un sicario le disparó a quemarropa con una metralleta. Su lucha por encontrar un camino de paz y democracia en el país se reivindica hoy más que nunca con el actual proceso de paz que el gobierno y las FARC siguen en La Habana.

El crimen de Pizarro fue atribuido inicialmente al narcotraficante Pablo Escobar, pero años más tarde se supo que la orden del magnicidio fue dada por el entonces jefe paramilitar Carlos Castaño con la probable implicación de los propios escoltas de Pizarro y de agentes del Estado. Recientemente fue ordenada la exhumación del cuerpo de Pizarro con el fin de esclarecer su muerte, declarada como un delito de lesa humanidad y que sigue en la total impunidad.

¿Ha imaginado como sería el país si su padre siguiera vivo?

Por un lado tendríamos más diversidad, una diversidad de pensamiento que no tenemos. Seguramente los debates en el Congreso serían mucho más ricos y no tendríamos a decenas y decenas de congresistas investigados por parapolítica. Con Carlos Pizarro a la cabeza creo que este país habría alcanzado la paz hace muchísimo tiempo. Pero su asesinato fue una demostración más de que no había garantías para ejercer una oposición política legal sin que tuvieran que matarte. Y ese fue el mensaje que se mandó a los movimientos insurgentes en los 90. Matándolo se perdió una posibilidad de paz. Tal vez nos habríamos ahorrado 20 años de guerra.

¿Llegó a sentir sentimientos de odio y venganza por el asesinato de su padre?

Eso responde mucho a cómo eres educado. A mi nunca me enseñaron a odiar. Obviamente en este país hay gente que siempre responde con un odio visceral hacia el otro. Lo que me inculcaron fue la necesidad de provocar cambios e incidir. Además siento una gran animadversión por las armas, no me gustan. Admiro la lucha de mi padre, entiendo que respondía a un contexto, a un momento histórico pero yo obviamente estoy en otra época.

¿Cree que Colombia está en deuda con su padre?

En deuda quizá por reconocerlos, porque hagan parte de la historia, por darles el valor que merecen. Lo que hay que hacer es educar a la gente de este país porque hay mucha ignorancia y la gente no conoce ni su historia. Los guerrilleros no son enemigos del diablo, son seres humanos que sienten, que tienen familias, que tienen su propias historias de violencia. Todos hacemos parte de este país, también los que han sido asesinados.

¿En su caso exige algún tipo de reparación?

El Estado tiene una responsabilidad, ya sea por acción u omisión, y la debe asumir. Muchas veces participaron, otras propiciaron y han hecho todo lo posible para que en este país haya una impunidad absoluta. Cuando la impunidad es generalidad, cuando es una política de Estado lo que genera es que la gente crea que puede hacer lo que quiera sin que le cueste absolutamente nada. Al Estado le tiene que empezar a costar lo que ha pasado en Colombia para que ellos también, desde los que promulgan las leyes, marcan las líneas y lanzan órdenes puedan construir, puedan realmente empezar a establecer unos códigos distintos. Lo que más deseo es un juicio histórico de la sociedad, que esa sociedad en su conjunto rechace cierto tipo de actitudes. Lo que pasó con mi padre, con los otros candidatos de la Unión Patriótica, con los sindicalistas y con toda esa oposición política que ha sido asesinada en el país debiera ser condenada enfáticamente por la sociedad. Eso no puede volver a suceder y si sucede la gente debe responder masivamente movilizándose para frenar ese tipo de actitudes.

María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro. Foto: Javier Sulé

María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro. Foto: Javier Sulé

Y la justicia tampoco ha llegado…

En el caso de mi padre han pasado 25 años y no ha pasado nada. No se hicieron pruebas de balística y era un candidato presidencial. Hubieron malos procedimientos y siguen habiéndolos para que podamos alcanzar la verdad de lo que sucedió. Yo sigo exigiendo justicia. Ojalá se de, aunque ha pasado demasiado tiempo.

¿Qué relación tuvo con él y qué aprendizajes le dejó?

Digamos que no hubo el elemento de la cotidianidad. No nos veíamos constantemente, no teníamos nunca la certeza de cuando iba a ser el próximo encuentro, todo era demasiado efusivo y muy apasionado. Eso marco mucho la forma como se construyó el afecto entre los dos y por eso tal vez surgió este compromiso que tengo con él, con su historia y con el hecho de reivindicarlo siempre. De él aprendí valores muy humanistas, no había nunca una teoría. Era una persona que respondía por unos ideales con los que todo el mundo en general estaría de acuerdo. A nadie le gusta ver a los niños en la calle, a nadie nos gustan las desigualdades pero él no teorizaba sobre todo eso. Su pensamiento nacía muy desde el corazón con un respeto muy profundo por el otro, por el valor de la palabra empeñada. Era un luchador.

¿Le gusta esta imagen idílica que se tiene de su padre como guerrillero?

Es que el era un guerrillero. Yo valoro mucho esa imagen de mi padre y las luchas de mi padre y de mi madre porque ella también fue miembro del M19. No me gusta que se niegue ese pasado porque creo que él llego a ser quien fue precisamente porque esa fue su historia, porque hubo un montón de gente que lo acompañó, que lo rodeó, que vivió con él. Un ser humano no es ese ser humano percé sino es toda la historia que lo rodea. No me gusta que se niegue ese pasado y creo que era un ser humano integral hasta haciendo la guerra que es una cosa que se ha perdido en este país. Por qué incluso haciendo la guerra uno puede ser ético, puede ser respetuoso con unas normas, con lo que no vas a hacer jamás bajo ninguna circunstancia porque eso te lastimaría en tu propia humanidad, en tu propia estructura, en tus valores. Si se puede luchar, pero siempre debes saber que cosas no vas a hacer jamás en medio de la guerra. Por eso también reivindico esa parte insurgente de mi padre porque creo que ahí hay un gran valor en la forma como hizo la guerra.

María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro. Foto Javier Sulé

María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro. Foto Javier Sulé

¿Que sensaciones tienes ante el proceso de paz que se está adelantando en La Habana?

Creo que esta vez si vamos a llegar a un acuerdo porque no quedan muchas más opciones. Es la última oportunidad que tienen las FARC y la deben aprovechar. La negociación está siendo mucho más seria que las que se han hecho anteriormente porque se han tocado puntos muy importantes para el país como el problema de la tierra o el tema de las victimas. Me preocupa que es lo que va a pasar con los desmovilizados y si la sociedad está en condiciones de aceptarlos para que su reincoporación sea más efectiva y no tengan la necesidad de volver a entrar nuevamente en un grupo armado ilegal.

¿Y a los comandantes guerrilleros de las FARC los ve en el Congreso?

Ojalá lo puedan hacer, también son seres políticos y creo que han estado en este país peleando por esos espacios aunque a mucha gente no le guste oírlo. La reconciliación pasa por ahí. Ellos tienen que ir allá y contar sus experiencias, participar en un proceso electoral. Lo esencial es que si tienen la capacidad de llegar y llegan, que no los maten. No se si hay garantías todavía para ellos. Es lamentable tener que vivir permanentemente con 20 escoltas porque no eres capaz de callarte y decir lo que piensas. Espero que haya garantías para ellos y que no se repita la historia.

¿Como se pueden explicar tantos años de violencia en Colombia?

En Colombia no hemos cesado de estar en guerra, casi que desde la conquista. Tenemos grandes problemas de fondo que no hemos logrado superar. Hemos tenido ciclos de violencia que vuelven y vuelven generando unos odios cada vez más grandes y ansias de venganza. Son odios heredados, se odia al otro porque el otro significa el contrario. Es un país sumamente polarizado que me parece que no ha sabido nunca responder a las opciones de paz que se nos han dado. Nos traicionamos constantemente. Los líderes naturales que han ido surgiendo han sido asesinados y generar líderes es muy difícil. Es una sociedad decapitada que entonces va sin rumbo. Nos toca reflexionar si queremos seguir en un ciclo de violencia o si realmente vamos a hacer un alto y empezar a construir y a dirimir los conflictos de una manera diferente.

Vivió un tiempo en España como exiliada. ¿Cómo fue esa experiencia?

Llegué como cualquier inmigrante. Aquí en Colombia una tiene una historia. Allá esa historia no la conoce nadie. Fui con una niña pequeña de dos años y eso fue lo más duro. Tuve que trabajar haciendo de todo; limpiando casas, cuidando niños, en cualquier trabajo que me salía. Ya al final, los últimos tres años fue mejor. Entiendes la cultura del lugar y te das cuenta de que no es que te estén rechazando todo el tiempo sino que el temperamento es completamente distinto y los códigos de comunicación también. En el caso particular de mi estancia en Barcelona aprendí a hablar catalán y eso me abrió muchísimas puertas.

¿Qué país le gustaría para sus dos hijas?

Quiero un país en el que quepamos todos, donde ellas puedan contar su historia porque es también mi historia, sin que ello vaya a generar actitudes de rechazo. Quiero un país por el que yo pueda viajar y encontrarme gente digna y feliz, no gente violentada y maltratada, con una mejor distribución de la tierra y un mayor respeto por el campesino. Quiero un país donde las mujeres cuenten su historia como un pasado remoto y sobretodo quiero un país en el que todos podamos construir i incidir. Quiero un país diverso, no quiero que desaparezca el otro, no quiero que nos homogeneizemos, quiero que podamos hablar, llegar a acuerdos. Más que exigencias en la paz tiene que haber compromisos con la paz y esos compromisos pasan por los individuos. No quiero más historias enredadas con la guerra.

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