“Y sí, fui violada por paramilitares”

Mónica (nombre cambiado) fue violada por paramilitares en Medellín. Foto Javier Sulé

Mónica (nombre cambiado) fue violada por paramilitares en Medellín. Foto Javier Sulé

Mónica (nombre cambiado) fue abandonada de niña por su madre y se crió con un padre que abusó de ella. Nació y creció en un barrio violento de Medellín donde los jóvenes de las bandas acabaron al servicio de grupos paramilitares y ejerciendo el control de sus calles. Precisamente, un día de agosto de hace 7 años Mónica salió de su casa con su compañero y se topó con cuatro de ellos. Era de madrugada y al pasar por delante de unos hombres sentados, éstos la cogieron y empezaron a decirle groserías. Su acompañante intervino, le golpearon, pero logró que la soltaran. “¡Corra, corra ¡, me gritaba pero me cogieron de nuevo, me golpearon y me tiraron al suelo. Chillé, pedí ayuda, la gente salió a los balcones pero nadie hizo nada, tenía los tipos encima y ahí me violaron”, me cuenta entre lágrimas.

A Mónica le cuesta proseguir. “Había perdido el conocimiento. Cuando desperté ya iba amaneciendo y estaba en otro lugar. Fui a casa de un familiar a pedir ayuda. Mi prima se asustó al verme desnuda como una loca y aporreada. No me acordaba ni siquiera que mi compañero se había quedado peleando. Cuando me llevó al hospital, por el camino me enteré que lo habían matado. Entré en shock y corrí al apartamento a buscarlo. La casa estaba llena de personas vestidas de oscuro. Eran policías. Empezaron a tomarme fotos, a hacerme preguntas. Me sentí acorralada. En el momento ya no me dolía tanto el cuerpo de las lesiones, sino el alma por saber que mi compañero había perdido la vida por salvarme”

Mónica presentó la denuncia gracias al cura del barrio porque cuando quiso hacerlo en la Fiscalía y ser examinada nuevamente por un médico legista le vulneraron todos sus derechos. “El fiscal no me quiso recibir la denuncia, me negó la posibilidad de ser revisada por el médico y días después me recibió extraoficialmente para culparme de la muerte de mi compañero. Me fui para mi casa a encerrarme con mi vergüenza y con mi dolor. Y sí, fui violada por paramilitares”, me recuerda con llanto.

Desamparada y revictimizada

Mónica quedó en total desamparo, sumida por largo tiempo en una profunda depresión. “Me la pasaba encerrada en la casa, no comía, no me bañaba y no dormía porque las pesadillas eran muy grandes. Tuve que dejar el trabajo. Pensaba sólo en morirme pero no en quitarme la vida. Creía que si lo pensaba con tanto deseo al final sí me iba a morir. Sobreviví gracias a mis hijos que se ocuparon de mi”.

Finalmente Mónica también encontró unas manos amigas en las organizaciones de mujeres como la Ruta Pacífica y la Corporación Mujeres que Crean que la ayudaron a salir de la depresión y a enfrentar sus temores. Allí conoció a otras mujeres marcadas por la violencia sexual. ”En estos años siento que no he hecho mucho, que no he crecido ni progresado, pero las personas dicen que no es verdad porque me he rebelado y he denunciado mi caso en muchas instituciones e incluso ante Naciones Unidas. No es justo lo que me tocó, que estos animales nos tomaran a la fuerza, nos destruyeran la vida y nos dejaran con la dignidad por el suelo, pero hemos ido recogiendo los pedacitos”.

Mónica aprendió a defender sus derechos tiempo después de ser  violada por un grupo paramilitar en Medellín. Foto Javier Sulé

Mónica aprendió a defender sus derechos tiempo después de ser violada por un grupo paramilitar en Medellín. Foto Javier Sulé

La Fiscalía dejó de perseguirla y acusarla de la muerte de su compañero. “Me dañaron muchísimo porque ya no eran sólo las secuelas y el trauma que me dejaron los paramilitares que me violaron sino el tener un fiscal que te decía que yo era culpable de la muerte de mi compañero y que debía buscar pruebas que demostrasen que yo había sido violada”, lamenta Mónica. De hecho, ella misma tomó el riesgo de volver al barrio a buscar a alguna persona que hubiera visto lo sucedido y estuviera dispuesta a confesar. No lo consiguió. “La gente tiene miedo y nadie está dispuesta a exponer su vida”, señala

Nunca se hizo justicia y sabe que a uno de sus víctimarios ya lo mataron, pero los otros tres continúan viviendo en el barrio. “Al principio sentí deseos de vengarme. Ahora, a veces pienso incluso que por algo suceden las cosas, que quizá yo vine a este planeta a poder perdonar algún día a todas esas personas que hacen tanto mal”.

A pesar de todo, después de toda la zozobra, Mónica siente que ahora puede volver a organizar su vida. Actualmente participa ilusionada en un grupo de teatro que le sirve de terapia y donde ha podido sacar mucho del dolor que lleva dentro. Su sueño es simplemente vivir tranquila y su reparación no pasa por dinero. “Por más millones que nos dieran no alcanzarían para sanar todo esto que me pasó. No es justo que nos tengamos que sentir culpables por lo que nos ocurrió, cargar siempre la vergüenza y escondernos”.

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3 pensamientos en ““Y sí, fui violada por paramilitares”

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