Desaparecer en Medellín (y II)

En la Escombrera y en la Arenera de Medellín podrían haber más 300 personas enterradas víctimas de desaparición forzada. Foto: Javier Sulé

En la Escombrera y en la Arenera de Medellín podrían haber más 300 personas enterradas víctimas de desaparición forzada. Foto: Javier Sulé

Hablar de desaparición forzada en Medellín es hablar de la Escombrera, un lugar que funciona como vertedero de escombros en lo alto de la convulsa Comuna 13, un conjunto de barrios dominados por la violencia. Está más que asumido y reconocido que allí existe la mayor fosa común de la ciudad, utilizada sistemáticamente por los paramilitares para enterrar a sus víctimas. Habitantes de esa comuna aseguran que todavía hoy se siguen ocultando cadáveres, pero aún así, las autoridades no parecen dispuestas a iniciar las tareas de búsqueda de esos cuerpos.

Según publicaba el diario El Tiempo, hacerlo supondría remover por lo menos millón y medio de metros cúbicos de tierra y eso tendría un coste de 40 millones de dólares. Tampoco la Alcaldía de Medellín ha dado orden de parar la actividad de la empresa que vierte los escombros.

 “El miedo en la Comuna 13 ha estado siempre muy latente pero la gente, después de sufrir en silencio y tragarse el dolor, empezaron a denunciar que en la Escombrera había muchas personas desaparecidas. Sabemos que en este momento hay más o menos 5000 toneladas de escombros y eso hace que el dolor de las familias sea cada vez más grande porque ellas dicen que cada vez que tiran una volqueta de tierra les exprimen el corazón. Imagínese saber que allí están sus seres queridos. Se han hecho denuncias, plantones y caminatas hasta el lugar para visibilizar el problema, se ha pedido en todos los tonos y a todas las instituciones que por favor no tiren más escombros, que cierren la Escombrera y se inicie la búsqueda de las personas enterradas. Ya aquello es una montaña de escombros y el día que vayan a tomar la decisión va a ser mucho más difícil poder encontrar los cuerpos” me dice la hermana Rosa Cadavid, una comprometida religiosa de las Misioneras de la Madre Laura cuya sede está ubicada en uno de los barrios de la 13 y que realizan un importante trabajo de acompañamiento a víctimas del conflicto armado de la comuna.

Estampa de la Comuna, la populosa zona de Medellín formada por unos 20 barrios y azotada por la vioelncia. Foto Javier Sulé

Estampa de la Comuna, la populosa zona de Medellín formada por unos 20 barrios y azotada por la vioelncia. Foto Javier Sulé

A la Escombrera fui de la mano de Doña Rocío. No pude hacerlo con nadie mejor. Ella es una valiente lideresa de 72 años muy extrovertida y jovial que pertenece a una asociación de personas mayores de un sector de la Comuna 13. También es muy respetada y asegura que no le teme a nada ni a nadie. Y es que a la Comuna 13 no es conveniente ir solo. El control y las disputas territoriales que ejercen allí los diferentes grupos delincuenciales ligados a las mafias del narcotráfico y al paramilitarismo la convierten en una de las zonas más conflictivas de la ciudad. Una red de jóvenes informantes permanece vigilando las calles y dan parte de cualquier movimiento o persona extraña que pise sus barrios. Allí existen las llamadas fronteras invisibles que no permiten pasar de un barrio a otro, incluso de una calle a otra, sin el riesgo de poder ser asesinado.

Un autobús urbano circulando por las calles de la Comuna 13. Foto: Javier Sule

Un autobús urbano circulando por las calles de la Comuna 13. Foto: Javier Sule

 La Comuna 13 se sitúa en la parte noroccidental de Medellín y está formada por unos 20 barrios populares donde viven unas 150000 personas. Sus calles se enfilan hacia el cielo en cuestas imposibles y las casas son en su mayoría de autoconstrucción. Sorprende, aún siendo barrios que han sufrido y sufren tanto la violencia, la infinidad de expresiones artísticas existentes llenas de creatividad y que en muchos casos actúan como formas de resistencia a la difícil vida diaria. En los últimos años la administración municipal también ha tratado de ganar terreno a la violencia realizado una fuerte inversión social, con nuevas escuelas y centros de salud o mejorando la movilidad y el transporte público. Sin embargo, los grupos armados siguen imponiendo su ley y las balaceras entre bandas son muy frecuentes a cualquier hora del día.

 No era la primera vez que subía a la Comuna 13, pero la verdad es que nunca lo había hecho tan fresco gracias a la compañía de Doña Rocío. Como cualquier persona ajena que suele visitar esta comuna es inevitable no preguntar por la llamada Operación Orión que marcó a sangre y fuego a todos estos barrios populares y que tuvo unas consecuencias terribles para la población. Ocurrió hace diez años y Doña Rocío me dice que nunca podrá olvidar aquel día. Lo vivió en carne propia: “Ese día fue el más doloroso de todos mis 72 años de vida. Parecía que se estuviera acabando el mundo. Venían los helicópteros disparando gran cantidad de balas y cayó mucha gente inocente que nada tenía que ver con el conflicto. Recuerdo los gritos de las personas, casas ardiendo y a gente corriendo con lo poco que pudieron conseguir. Creía que eso sólo pasaba en las películas. Tuvimos que sacar trapos blancos como banderas para que cesara un poco el fuego. Todavía tenemos muchas secuelas porque hubo gente muy querida que se fue del barrio y el miedo no las ha dejado regresar. A otras les mataron o desaparecieron sus seres queridos. La Operación Orión nos motivó a formar nuestro grupo de adultos mayores como club de vida para sacar de la tristeza a muchas señoras que todavía lamentan la pérdida de sus familiares”.

 La Operación Orión se realizó el 16 de octubre de 2002 cuando el entonces presidente Alvaro Uribe dio la orden de atacar militarmente la Comuna 13 con el propósito de expulsar a las milicias guerrilleras que hacían presencia en sus barrios. Participaron más de 1000 hombres del ejército con tanques, helicópteros y ametralladoras. Tras el ataque, parecía que la cosas se habían calmado, pero con el tiempo empeoraron. Sí lograron sacar a la guerrilla, pero el control lo tomaron los paramilitares, hoy reconvertidos en diferentes estructuras paramafiosas enfrentadas entre ellas por la hegemonía territorial en la Comuna y con un gran poder de destrucción. “Desafortunadamente la comuna 13 viene padeciendo toda esta situación de violencia desde 1999, muy fuerte en el 2000 por los enfrentamientos entre la guerrilla y los paramilitares, pero se arreció mucho más en el 2002 y 2003 con la Operación Orión. Después de ella, podemos decir que hubo demasiadas personas desparecidas, demasiados asesinatos, demasiados desplazamientos, demasiadas detenciones arbitrarias, un mayor reclutamiento de jóvenes y menores de edad por parte de las bandas y muchas violaciones a los derechos humanos”, me cuenta la hermana Rosa.

Con Doña Rocío estamos ya bien arriba del barrio, cerca de la Escombrera. Todo el mundo la saluda y por el camino ella aprovecha para mostrarme diferentes recovecos y lugares que dan cuenta de las infinitas necesidades de la gente del lugar. “Muchas personas aquí comen sólo una vez al día. Hay que salir de los escritorios, visitar todos estos barrios y escuchar las advertencias de los líderes que somos lo que aquí nos mantenemos empapados de todo lo que sucede”, me dice ella algo indignada.

La 13 está bastante militarizada, especialmente en momentos pico de violencia, pero la experiencia ha demostrado que esa militarización y presencia masiva de fuerza pública no ha servido absolutamente de nada. Precisamente, 500 metros después de dejar atrás un puesto militar aparece la Escombrera. A su lado está La Arenera, también bajo sospecha, por donde entran y salen camiones de forma constante. En la Escombrera tan sólo hay un tractor removiendo la tierra. Todo aparenta normalidad, pero sólo hacerse la idea que pueda haber centenares de personas desaparecidas enterradas aquí resulta algo angustioso.

Un tractor removiendo tierras en la Escombrera donde se sabe que hay decenas de  desaparecidos enterrados- Foo: javier Sulé

Un tractor removiendo tierras en la Escombrera donde se sabe que hay decenas de desaparecidos enterrados- Foo: javier Sulé

El analisista Luis Fernando Quijano, una de las personas que mejor conoce la realidad de las estructuras mafiosas y paramilitares de Medellín me asegura que lo venía advirtiendo hace tiempo. “Nosotros veníamos planteando que cuando baja el homicidio en Medellín sube la desaparición forzada. El ejemplo está claro en la Escombrera y en la Arenera. Un jefe del grupo paramilitar Cacique Nutibara confesó que aproximadamente mataron y enterraron allí a unas 300 personas. Dijo que tenían orden para que no se vieran muertos en las calles y que entonces los subían, los mataban, algunos incluso los picaban y finalmente hacían el hueco y los enterraban. Estamos hablando de la Comuna 13, pero la pregunta que nos hacemos es qué pudo pasar en ese periodo donde le mostraron al mundo la famosa pacificación de Medellín, cuántos fueron los desaparecidos que pudo haber en otras comunas”.

Luz Helena es una de las personas que cree estar segura que su marido está enterrado en la Escombrera. Su esposo desapareció hace casi cinco años cuando salia de trabajar y no regresó. “Faltaba un cuarto para las siete de la tarde y él me llamo para decirme que iba en el colectivo, que venía cansado y por favor le organizara la comida. Pasaron las horas y yo pensando qué tan raro, que me llamó y no llega. Le marcaba al celular y nada, infinidad de veces marqué y nada. Horroroso. A las 12 de la noche ya estaba desesperada. Empecé a llamar a tres de sus amigos y tampoco sabían. A las 72 horas puse la denuncia. Los primeros meses de búsqueda fueron un absoluto desespero. Para mis hijas que tenían 10 y 15 años en aquel momento fue todavía mucho más terrible”, me cuenta Luz Helena.

Luz Helena lleva cinco años buscando a su marido. Tiene la certeza que podría estar enterrado en la Escombrera.

Luz Helena lleva cinco años buscando a su marido. Tiene la certeza que podría estar enterrado en la Escombrera.

El marido trabajaba como comisionista de lo que en Medellín llaman propiedad raíz y prestaba dinero. Ella no sabe si su desaparición pudo tener relación con su trabajo. Según algunas versiones de lo que supuestamente ocurrió ese día, varias personas dijeron haber visto como lo bajaban del autobús y lo montaban en un coche gris. Hace poco más de un año Luz Helena y sus dos niñas optaron por irse de la Comuna 13. Dejaron el barrio de toda su vida, el de Belencito. Ella se había empezado a significar como líder de un grupo de mujeres víctimas de la Comuna y seguramente por su actividad, su hija empezó a recibir amenazas y persecuciones. Desde fuera prosigue su lucha. “Como víctima de la Comuna 13 queremos saber la verdad de lo que pasó y el por qué lo hicieron Toda la 13 está enterada que la Escombrera y la Arenera es una gran fosa común. Pedimos el cierre definitivo de estos lugares, que dejen de tirar escombros y busquen los cuerpos, pero hasta el momento todas las autoridades se han hecho las sordas. Nadie parece dispuesto a que cese este dolor que sentimos todas las que sabemos que nuestros esposos, hijos o nietos están allí enterrados” concluye

Un pensamiento en “Desaparecer en Medellín (y II)

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