Una entrega de restos óseos

Ceremonia de entrega de restos óseos a sus familias que llevaban tiempo reclamando la desaparición forzada de sus seres queridos. Foto: Javier Sulé.

Ceremonia de entrega de restos óseos a sus familias que llevaban tiempo reclamando la desaparición forzada de sus seres queridos. Foto: Javier Sulé.

Nueve de la mañana. Auditorio del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Villavicencio. Se respira un ambiente extraño y triste, muy triste. Funcionarios de la Unidad de Justicia y Paz se disponen a entregar a sus familiares los restos óseos de 18 personas que fueron exhumadas en los cementerios de La Macarena y Granada, en el departamento del Meta. Todos ellos de hombres, con edades comprendidas entre los 19 y los 52 años, que contabilizaban como desaparecidos y llevaban años siendo reclamados por sus seres queridos.  

Las familias entran en el salón y toman asiento. Delante de ellas se sitúan 18 pequeñas cajas fúnebres con una una fotografía de la víctima, su nombre y unas flores. Un policía custodia cada féretro. Los aproximadamente 70 familiares congregados en el auditorio aparentan tranquilidad y demuestran entereza. Llevaban ya algunos días en Villavicencio procedentes de diferentes puntos del departamento del Meta. Un equipo de psicólog@s de diferentes instituciones del Estado les estuvo acompañado en todo momento. Me cuentan que en los días previos sí se vivieron momentos muy duros. 

Fèretros con restos óseos de desaparecidos para su entrega a las familias después de años de no saber su paradero y denunciar su desaparición forzada. Foto Javier Sulé

Fèretros con restos óseos de desaparecidos para su entrega a las familias después de años de no saber su paradero y denunciar su desaparición forzada. Foto Javier Sulé

El inicio de la ceremonia se retrasa más de una hora por culpa del Gobernador del Meta que se le esperaba y no vino. El acto toma forma con unas homilías religiosas y con algunos discursos oficiales: “Nadie antes, ni siquiera el mismo Estado, se había interesado por aquellas personas que en condición de no identificados (NN) son y fueron inhumadas en los cementerios del país, no precisamente con el respeto que la dignidad humana se merece. Desde que la ley nos autorizó iniciamos la búsqueda de personas desaparecidas NN que yacen en algunos cementerios del Meta. Hoy, gracias a este proceso, podemos culminar la entrega de los restos de algunos de ellos. Faltan muchos más por identificar. Cerca de dos mil estarían en cementerios como el de La Macarena, Granada o Villavicencio y más de 20.000 en los cementerios del resto del país. Es importante que para los familiares cese la incertidumbre, que por fin tengan a sus seres queridos, así sean sus huesos, porque así tendrán un lugar donde visitarles. Nuestro sentido de condolencia, de solidaridad, que tengan mucha fortaleza y la vida continua” expresó de forma sentida un miembro de la Fiscalía de la Nación dirigiéndose a los familiares presentes.  

Tras un acto simbólico de recuerdo a las víctimas, llegó el momento el momento de la entrega formal de los restos a las familias. A Carlos, Dairon, Edgar, Frankie, Guillermo, Henry, Jesús Camilo, José Antonio, José Miguel, Lalo, Lenin, Luis Alberto, Luis Alfonso, Luis Antonio, Luis Norberto, Serafín, William y Wilmer, sus familiares llevaban tiempo buscándoles, sin saber nada de ellos. Desaparecieron, no se sabe todavía en qué circunstancias. “Nosotros ubicamos sus restos en fosas de los cementerios de La Macarena y de Granada e iniciamos el proceso de identificación con los laboratorios de Medicina Legal. Hacemos la entrega a los familiares, pero continua el proceso penal. Todas estas personas fueron muertas de forma violenta, pero no sabemos si eran guerrilleros o posibles falsos positivos. Las investigaciones ya lo determinarán. En cualquier caso es muy importante que se esclarezca y no quede impune si hubiera delito, caiga quien caiga, así sea el Estado. El que esté metido en crímenes de lesa humanidad tiene que responder ante el pueblo colombiano”, me afirma Norberto Suárez, fiscal de exhumaciones de la unidad de justicia y paz para toda la zona del oriente colombiano. 

Familiares se disponen a enterrar los restos óseos de sus seres queridos desaparecidos por el conflicto armado colombiano. Foto: Javier Sulé

Familiares se disponen a enterrar los restos óseos de sus seres queridos desaparecidos por el conflicto armado colombiano. Foto: Javier Sulé

Para los abogad@s defensor@s de derechos humanos del Colectivo Orlando Fals Borda presentes en el acto no hay duda que muchos de estos 18 casos son falsos positivos. “Contemos la verdad porque todos los NN tienen una historia. La represión que hubo contra las comunidades en todas estas zonas del Meta después del fracaso del Caguán fue enorme. Se ha demostrado que la conexión de los planes militares implementados en la región, llámense Plan Patriota, Plan de Consolidación o Plan Colombia, con las ejecuciones extrajudiciales obedecían a una estrategia del Estado y que la existencia de todos esos cementerios responde a esa lógica”, me dice uno de ellos convencido. 

En cualquier caso, las familias sintieron un gran descanso y un alivio tras recibir los restos de sus allegados. Dicen que el dolor por la desaparición de un ser querido es de los peores que existen porque es un dolor que se prolonga indefinidamente y nunca muere. Ahora termina la angustia de no saber. Para unas familias se trata de un punto final. Para otras, de un punto y aparte porque dicen que tienen serias dudas sobre lo que pudo suceder y quieren saber la verdad. ”En el 2001 mi hermano salió de la casa y no supimos más de él hasta hoy. Nos han dicho que estaba con ropa militar de subversivo, pero nunca lo vimos y tampoco nos hizo en todo este tiempo una sola llamada para decirle a mis padres dónde estaba y qué hacia. Si él se hubiera ido por propia voluntad nos hubiera dicho dónde se encontraba porque estaba muy pegado y unido a mis papas y a nosotros como hermanos. No nos cabe duda de que a él le toco irse obligado, acosado o secuestrado. No lo sé. Él conocía esta región porque nació y se crió aquí, pero se fue para una vereda vecina y se perdió. ¿Por qué nunca pudo mandarnos una razón? Luego te dicen que era un guerrillero y no se entiende, pero te pones a pensar cuántas veces el Ejército ha matado a gente campesina inocente que después la visten con prendas militares y la hacen pasar por insurgente. Sinceramente no me voy muy contenta y encima le dicen a una: cállese, no hable, no diga…”, me relata compungida Rosa, que recibió los restos de su hermano. 

Una mujer llora en el féretro que lleva los restos óseos de su hijo víctima de desaparición forzada en el conflicto armado colombiano y al que buscó durante años. Foto: Javier Sulé

Una mujer llora en el féretro que lleva los restos óseos de su hijo víctima de desaparición forzada en el conflicto armado colombiano y al que buscó durante años. Foto: Javier Sulé

Doña Rosario sí prefiere cerrar página. Vivió aferrada a la religión durante todo el tiempo que duró la ausencia de su hijo. Se siente afortunada porque ahora podrá darle cristiana sepultura. Cuando desapareció hacía poco que había prestado el servicio militar. “Hemos sentido un placer muy grande al recuperar sus restos. No sabía nada de él desde hace ya mucho tiempo. Tampoco sabemos que pudo pasar porque le perdimos la pista. Seguramente se lo llevaron a la fuerza. Con la verdad murió Jesucristo. Ahora nos toca cuidarnos. Quiero evitar posibles consecuencias a mis otros hijos. Tuve nueve y ya me quedé sólo con seis”, me cuenta. 

Acabado el acto, se había dispuesto que seguidamente las familias celebraran las exequias y enterraran los restos de sus seres queridos en el cementerio. Unas optaron por hacerlo en el propio cementerio de la capital del Meta, Villavicencio. Otras prefirieron llevárselos a su lugar de origen. Finales tristes en este gran drama que representa la desaparición forzada en Colombia. 

Un pensamiento en “Una entrega de restos óseos

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