Toribío, bajo todos los fuegos (y III)

Un comercio en la plaza principal de Toribío. Foto: Javier Sulé

Un comercio en la plaza principal de Toribío. Foto: Javier Sulé

La localidad de Toribío aprendió a la fuerza a vivir en medio del conflicto armado y pareciera que se acostumbró, pero no es así. Nadie se acostumbra aquí a tanto hostigamiento bélico, a ver como los militares y la guerrilla utilizan sus casas como trincheras. El pueblo indígena nasa se propuso simplemente resistir a la guerra, resuelto a no desplazarse, a permanecer en su territorio. Y pese a la violencia, se dieron a la tarea de crear y desarrollar un proyecto de vida que hoy cuenta con un modelo de organización político y social que es ya un referente en América Latina.

La cotidianidad convive también en Toribío, así sea entre el miedo y las balas que más tarde o más temprano, más cerca o más lejos, siempre se hacen sentir en el municipio. Dicen aquí los propios indígenas que todavía es de noche cuando ya llega un nuevo amanecer. Y es que a pesar de todo, en este pueblo del Cauca la vida continúa y empieza temprano, muy temprano. Lo hace todos los días a las cinco de la mañana con Buenos días comunidad. Música autóctona e información local en este programa de la emisora comunitaria Radio Nasa y con el que despierta buena parte de la población.

Una hora más tarde arranca la primera chiva –transporte autóctono- de la plaza principal repleta de gente y rumbo a la vecina localidad de Santander de Quilichao. En los puestos de la calle se sirven los primeros cafés y las primeras arepas al tiempo que cientos de niños y niñas se dirigen hacia la escuela a empezar las clases. En el municipio de Toribío hay 54 colegios, aunque sólo tres de ellos tienen hasta grado once.

En estas tierras el trabajo no es abundante y la economía es débil, tremendamente débil. Horticultura para la supervivencia. Se cultivan fríjol, maíz, tomate y café que siempre se trata de vender a alguna cooperativa. También se cultiva coca, La mayoría la utilizan para mascar como parte de la cultura tradicional, aunque otros pocos, pese a la desaprobación de las autoridades indígenas, han visto en este cultivo o en el de la marihuana un uso mucho más rentable que les permite vivir sin apreturas.

Toribío además estuvo de fiesta en esos días. Al pueblo llegaron esa semana centenares de jóvenes y niños de las escuelas y centros educativos de los municipios vecinos. Vinieron a honrar la memoria del Padre Alvaro Ulcué Chocue en un encuentro cultural que conmemoraba el aniversario de la muerte de este comprometido indígena que se hizo sacerdote católico. Aquí nadie lo olvida por su lucha en favor de los pueblos indígenas y por como por ellos se enfrentó a los terratenientes. Quienes lo pudieron conocer me cuentan que era un personaje extraordinario. Vivió permanentemente perseguido y amenazado hasta que finalmente los paramilitares lo asesinaron en 1984. Él fue el inspirador del llamado proyecto nasa sobre el cual gira hoy la vida de las comunidades indígenas del norte del departamento del Cauca. El Padre supo ver claro entonces los peligros que les acechaban y la necesidad de hacerles frente con unidad, reclamando y ocupando tierras, fortaleciendo los procesos organizativos, la participación, la educación y la economía con proyectos productivos locales. Lo consiguió y su legado pervive en el espíritu de las organizaciones indígenas actuales, ya fuertemente consolidadas.

Cientos de estudiantes llegan a Toribío de los municipios vecinos para participar en el III encuentro cultural Alvaro Ulcue. Foto: Javier Sulé

Cientos de estudiantes llegan a Toribío de los municipios vecinos para participar en el III encuentro cultural Alvaro Ulcue. Foto: Javier Sulé

La memoria del Padre Alvaro Ulcue sigue viva entre la población indígena nasa

La memoria del Padre Alvaro Ulcue sigue viva entre la población indígena nasa

Jóvenes indígenas nasa en una muestra folklórica en el encuentro cultura Álvaro Ulcue de Toribio. Foto Javier Sulé

Jóvenes indígenas nasa en una muestra folklórica en el encuentro cultural Álvaro Ulcue de Toribio. Foto Javier Sulé

La fuerte explosión del día anterior no alteró el programa del tercer encuentro cultural en memoria de Alvaro Ulcue. Fue una semana con todo tipo de expresiones culturales y deportivas, y también de reflexión sobre el momento actual que viven las comunidades. Un momento difícil. Hace pocos días, el norte del Cauca volvió a ser noticia por la detención en Santander de Quilichao de Manuel Antonio Bautista, un coordinador de la guardia indígena, acusado de terrorismo y colaboración con la guerrilla. La Asociación de cabildos de norte del Cauca – Acin- lo considera un nuevo montaje del Gobierno. No sería la primera vez que ocurre y que se ha detenido injustamente a indígenas de forma individual o masiva sindicados de ser milicianos o de dar apoyo a las FARC. El gobierno nunca ha podido ganarse la confianza de una población indígena a la que apenas sí entiende y que ha expresado hasta la saciedad su cansancio por la guerra.

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